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Entre el comercio y el arte.

  • 13 feb 2017
  • 5 Min. de lectura

El cine en crisis de identidad

Hoy en día la separación entre industria y arte es nula o por lo menos casi inexistente. Ignorar la inalienable relación entre un aspecto y otro es negar la historia del mismo medio, aunque no su origen, que aunque fue incierto en el potencial del mismo, luego sería descubierto por creadores, inventores y finalmente, empresarios. El problema empezaría a radicar en la influencia que un factor empezó a ejercer sobre otro. El cine como conjunto de diferentes disciplinas (escritura, arte visual y musical) requiere de la agudeza de un creador, así como de alguien que pueda transmitir tal trabajo en una forma entendible, atractiva y que le proporcione al creador reconocimiento y una forma sustentable de vida. Sin embargo, el segundo factor, es decir el comercial, está tendiendo en convertir a esta convergencia en un producto sin porcentaje de factor creativo. Por tal razón el cine contemporáneo vive el choque de la crisis artística y creativa, que ha moldeado el método artístico en un concepto simplista y que trabaja en pro del mercado.

El arte define el desarrollo cultural de un pueblo. Antes de la corriente pos-moderna, los ideales del arte se reflejaban en diferentes ramas que buscaban diferenciarse una de otra, pero que aún así, entre ellas concordaban con la idea de que el arte era una expresión de ideas y sentidos coherente con su técnica e intención. Por ejemplo, en el renacimiento los ideales culturales eran reflejados en el arte. La perfección y el progreso del hombre en los campos de la ciencia y la razón, convergían para que la expresión en el arte partiera o datara de aquellos ideales en una forma coherente. El caso más claro es el de Da Vinci y su pintura de La Gioconda (Mona Lisa), donde la técnica exacta ejercida por el científico y su intención de expresión del ideal lograron convertirse en lo que se denominó como una obra maestra, puesta de igual forma en importancia con obras como la del pintor Miguel Ángel. Él también llegaría a expresar sus ideales de perfección, pero la diferencia con Da Vinci era el sentido moral. El ideal era la imagen y semejanza de Dios, no el antropocentrismo que ofrecía la apenas gestante ilustración, donde el ideal era el hombre en su plenitud y donde se proponía el desarrollo de la sociedad en forma armónica con el hombre, como lo expresaba el compositor y filósofo Richard Wagner, que influenciado por la filosofía Nietzscheniana aseguraba ese ideal para la edad moderna. Esta fue la mejor muestra de coherencia que el arte tenía respecto a la relación con la sociedad, de una forma en la que la cultura podía ser igual de coherente y de igual manera, congruente. Cuando la sociedad sentía su unión social mediante una cultura, la cual expresaba honestamente la ética, la moral y los ideales de esa sociedad en contexto, el arte podía llamarse verdaderamente arte, pues aunque métodos como la censura claramente existían y todas las ideas no se propagaban en su totalidad, la expresión de humanidad existía, la verdadera identidad del hombre.

La creación de nuevas formas de arte y, por lo tanto, de formas de influencia en la sociedad dada la nueva conexión entre comercio y estado, cambiaron todo el panorama anteriormente visto. Como se pudo ver, la verdadera armonía entre el progreso y el hombre había fracasado estrepitosamente. La revolución industrial, el nacimiento de potencias mundiales y de hombres con poder económico suficiente para determinar a una población entera, mostraban al hombre el reto que había asumido desde un inicio: Elegir entre "progreso" y moral. El hombre elegiría la primera. Ahora todo empezaría a ser un producto, y como consecuencia comercio. El sentido mismo por el cual cada cosa existía en primer lugar, ahora era ambiguo, pues tenía un valor monetario. El cine como arte nacería con el mismo propósito que el de cualquier forma de expresión artística. El invento de los hermanos Lumiere que permitía proyectar imágenes en movimiento mediante la reflexión de la luz suponía una experiencia única de expresar y retratar la realidad. "el impacto que debió producir la imagen del monstruo ferroviario llegando a la estación de La Ciotat a los ojos de un público cinematográficamente virginal hubo de ser considerable." Crítica de película: Tren llegando a la estación de Ciotat, primera película de la historia. Al principio como mero espectáculo, luego se convertiría gracias al cine de Meliés y de Chaplin en la forma definitiva de contarle al mundo historias fantásticas como El viaje a la luna (Meliès, 1902) o de hacer sátiras y críticas a la vida real como El gran dictador ( Charlie Chaplin, 1940) o Tiempos modernos ( Charlie Chaplin, 1936). Aún así, rápidamente se convertiría en industria. Los hombres y mujeres que interpretaban un protagónico harían una metamorfosis para ser íconos reconocibles en la pantalla. Referentes del pueblo. Inclusive, hombres como Adolf Hitler moldearían su imagen en forma similar para generar empatía con su propia gente. Su característico bigote hurtado de Charlie Chaplin. De esta manera y con el nacimiento de la nueva propaganda política, el cine ya empezaba a actuar frente a intereses supra-artísticos.

Este fenómeno se debe primeramente a la historia de la hegemonía comercial judía previa al holocausto, razón de la furia de Hitler así como de su nacionalismo. Aún así, después del final de la guerra en 1945, los migrantes judíos, denominados como los esquenazis traerían consigo a occidente sus influencias monetarias y posteriormente morales. Como ya se mencionó, el origen de casi la totalidad de grandes compañías de la industria del cine y la televisión se darían bajo el mando judío. Aunque los ideales empresariales no reflejaban más que una puerta abierta a la mayoría de creadores con ideas originales en pro de la innovación, la industria cinematográfica empezó a signifcar una élite. Directores, actores y productores como parte no de una comunidad sino de una cerrada "fraternidad" tal y como pasó con el conocido director Mel Gibson, quien abiertamente católico fue tachado de racista y anti-semita, siendo casi expulsado del medio, aunque vería su regreso en 2016 con la película "Silence". De igual forma, la influencia de la élite esquenazi moral y cultural se ha observado por ejemplo en las declaraciones de un líder de otro medio casi cien por ciento judío. La pornografía. En sus declaraciones a una entrevista abierta al público, inclusive subida a la plataforma YouTube, Reuben Sturman explicó que „La implicación de los Judíos en el porno […], es el resultado de un odio atávico a la autoridad cristiana: están intentando debilitar la cultura dominante en EEUU mediante la subversión moral.” , así mismo dio a entender que la misma revolución sexual de los 60 tuvo en sus frentes a público judío.

Las repercusiones por la lucha descrita por Sturman, de igual forma se expresan en el cine con uno de los factores más importantes de las películas más taquilleras de la actualidad (Blockbusters) que es el morbo. Violencia en exceso, sexo banalizado entre otras variantes del espectáculo que incluso para los más liberales, sobrepasa el límite de lo que se debe mostrar y promover en pantalla. Contrariar los "estrictos valores cristianos" parece una buena excusa, pero incluso dejando de lado el sentido ético y moral de la industria, el morbo vuelve tan simplista y básico el arte que lo mata y reduciendo su porcentaje a cero.


 
 
 

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