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MONSANTO: JUGANDO A SER DIOS.

  • 6 feb 2017
  • 4 Min. de lectura

Con la llegada e imposición del liberalismo económico y la libre competencia, la privatización de tierras y la acumulación de las mismas, junto a la gran demanda de más de 7400 millones de habitantes que hay en la tierra, se ha llegado a mejorar el abastecimiento de alimentario de toda la población. Para esto, la agricultura pasó a manos de la biotecnología y la ingeniería genética, siendo causa de la llamada “Revolución Verde”. Este término surge por el crecimiento de la producción agrícola entre los años 60’s y 80’s en EE.UU. y, posteriormente, el resto del mundo. Los alimentos mejorados genéticamente son ahora resistentes a plagas, herbicidas y hasta se desarrollan en terrenos poco aptos. Junto con esta revolución, surge una de las más grandes compañías de GMO (alimentos modificados genéticamente, por sus siglas en inglés), que no solo daría un viraje a la agricultura clásica, sino también al curso de la historia.

En EE.UU. nace la compañía Monsanto transcurriendo el año de 1901, un empresario de nombre John F. Queeny comienza a producir sacarina y la comercializa a la empresa Brothers Drugs. Con el crecimiento de la empresa y las exponenciales ganancias que recibía, Monsanto comenzó a comercializar pesticidas y herbicidas a diferentes partes del mundo. Con la llegada de la División de Agricultura a los Estados Unidos, en el año 45, se comienza un proceso de investigación biológica para modificación celular. Monsanto decide crear un grupo de biotecnología que se convierte en el foco de investigación de toda la empresa y con esto se empiezan a distribuir distintos tipos de herbicidas. Habiendo creado la primera semilla genética y habiéndose patentado, se comienza a distribuir la primera semilla genéticamente modificada en los Estados Unidos. Monsanto se convierte en la primera empresa de producción industrial agrícola para el año de 2001 y comienzan a comercializarse frutos, verduras, legumbres y semillas genéticamente modificadas para resistir determinados ambientes, químicos y depredadores. En el año de 2002 se comienza a expandir la empresa hacia las zonas de Latinoamérica y Asia con el objetivo de comprar tierras obteniendo cultivos óptimos para modificar.


Actualmente, Monsanto está más grande que nunca, y la biotecnología agrícola, ha sido impuesta por los gobiernos a muchos agricultores alrededor del mundo. Durante el año 2010, 29 países adoptaron los cultivos genéticamente modificados y por primera vez, 10 países han sembrado más de 1 millón de hectáreas. Monsanto ya ha llegado muchos lugares del mundo tales como: Brasil, Argentina, India, Canadá, China, Paraguay, Pakistán, Sudáfrica y Uruguay. Existen personas que opinan que la rápida y creciente adopción de los cultivos de Monsanto, refleja los beneficios de esta tecnología. Y aunque muchos dicen que esto ha traído significativos beneficios ambientales y económicos a nivel global, hay muchas otras perspectivas que opinan lo contrario. En los últimos años, muchas personas de diferentes nacionalidades han alzado la voz en contra de la Ley de protección de Monsanto (Monsanto protection Act), la cual impide a las cortes de justicia Federales, detener la plantación y venta de cultivos genéticamente modificados. Muchas personas, exigen que se realicen estudios gubernamentales acerca de los posibles efectos a largo plazo de estos productos, ya que la Agencia internacional para la investigación sobre el Cáncer, provocó una reunión para evaluar los riesgos cancerígenos que provocan los plaguicidas, y herbicidas presentes en los cultivos de Monsanto. Del mismo modo, en los últimos veinte años, Monsanto ha montado en el archipiélago de Hawái, más de 5000 experimentos a Campo abierto de cultivos resistentes a pesticidas entre 16000 y 24000 hectáreas de tierra hawaiana, los cuales podrían implicar un riesgo biológico relevante, alterando el ecosistema. Asimismo, Monsanto tiene historial relacionado con químicos que causan devastación. La compañía participó en el proyecto Manhattan que ayudó a fabricar la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial e igualmente desarrolló el herbicida (agente naranja) usado por las fuerzas militares del Pentágono en la guerra de Vietnam generando aproximadamente, medio millón de malformaciones congénitas.


A los ojos del mundo, Monsanto es una empresa más, una que produce alimentos, los modifica genéticamente y los exporta. Irónicamente, Monsanto ha de ser la contraparte de la agricultura en todos sus significados y concepciones; el némesis de la agricultura tradicional, y no porque esta sea revolucionaria y se lucre a partir de una agricultura avanzada en el tiempo. Sino porque Monsanto busca, de un modo u otro vencer e imponer los métodos que ellos utilizan. Por medios mediocres y despiadados, Monsanto monopoliza la agricultura sin siquiera considerar la gruesa y perceptible delimitación entre la industria y el hogar. Miles de agricultores pierden sus tierras de subsistencia y comercio microeconómico por la monopolización de su industria a causa de Tratados de Libre Comercio y violencia. Hoy en día el mundo no se tapa los ojos ante los crímenes contra la humanidad por parte de Monsanto, la desviación de sus objetivos por mejorar la agricultura y el cultivo para, finalmente participar de penosos experimentos para participar en guerras y asesinar personas. A través de los años, Monsanto se ha convertido en la cara de la corporación maligna, inclusive contando con decenas de documentales como “Forks Over Knives” y “GMO OMG“. Así bien, y para concluir, Monsanto no es la única empresa que modifica genéticamente plantas o semillas, mas es la empresa que se dedica a manipular el mundo con una mano. Es la empresa que ha promovido que el mundo revolucione la industria para destruir hogares, que se ha salido de los parámetros de la justicia y se ha colocado a la cabeza de una guerra y de la marginación. Es una de las muchas cabezas que dominan los gobiernos del mundo para escribir el presente a su antojo, sin importar a quién deba pasar por encima (suprimiendo, consumiendo, asesinando); formando alianzas con gobiernos para desalojar a los olvidados y colocar el nombre Monsanto en sus veredas, jugando a ser Dios, sin límites, sin fronteras.



 
 
 

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